La única forma de escapar

Paula se metió en una de las habitaciones que estaban cerradas pero que tenía la llave puesta. No había nadie dentro, así que pudo pensar en todo lo que le había pasado hasta entonces, estaba apretando con tanta fuerza el destornillador que tenía los nudillos más blancos que de costumbre.

Aquel zombi la había perseguido por el pasillo hasta que la paloma se chocó contra la ventana y el otro zombi ni siquiera le había prestado atención a ella. No podía ordenar sus pensamientos con claridad, la ventana estaba abierta y desde fuera llegaba todo el ruido que los zombis estaban haciendo mientras aporreaban incansablemente la puerta principal. Se acercó a la ventana para cerrarla, pero pronto comprendió que hacía a los zombis moverse.
Los estímulos.
Todo encajaba con lo que le había estado sucediendo, Larreina había sido estimulado por el intento del otro chaval de decirle algo a Paula, y después vio la luz del móvil que le apuntaba directamente, otro estímulo, y después no había seguido a Paula en la oscuridad, sino sus pisadas mientras corría y el sonido de la paloma chocando contra la ventana había sucedido justo después de que ella se quedase sin pasillo para seguir corriendo, así que aquel golpe se convirtió en el mayor estímulo para el zombi. Mientras tanto el otro zombi, había salido al pasillo en busca de las pisadas, pero terminaron nada más salir de la habitación, así que para él, el mayor estímulo que había en aquel momento era la tenue luz de emergencia que iluminaba la zona en la que estaba el zombi.
Si quería salir de allí necesitaba un gran estímulo lejos de la habitación en la que estaba. Pronto las luces de emergencia se apagarían y quedaba poco para que se hiciese de noche, así que los mayores estímulos serían los ruidos que hiciese ella al caminar, necesitaría algo para anular el sonido de sus pisadas o crear otro estímulo mayor que las escondiese.
Pensó en lo cerca que había estado Larreina de alcanzarle antes y enseguida halló la solución, Larreina era un verdadero coñazo con el tema de seguridad en caso de incendios y ahora le había otorgado la respuesta a cómo salir del Colegio: la única forma para salir del edificio ahora mismo era por las escaleras de emergencia ya que la puerta principal estaba atestada de zombis y gracias a la magnífica actuación de Eduardo y Lucas, pensó ella, la puerta trasera también estaba impracticable. Esperaría a que anocheciese para intentar su huida.
Hacía un rato que el sol se había puesto en el horizonte, Paula miraba por la ventana abierta, si conseguía salir del Colegio por la puerta del garaje tendría el camino libre hasta algún lugar seguro. “Seguro que encontraré a alguien que también haya sobrevivido como yo y conseguiré salir de esta” pensaba ella para sí, sabía que no era un plan brillante, pero si se quedaba allí iba a morir con total seguridad.
Empuño el destornillador y abrió la puerta lo más despacio posible para evitar hacer ruido, salió de la habitación y miró hacia el principio del pasillo no veía absolutamente nada, sin embargo se oía ese ruido extraño que hacen los zombis en la lejanía. Abrió la puerta del final del pasillo, y para su sorpresa, allí la estaba esperando un zombi, ahogó un grito, pero el zombi ya se había percatado de su presencia y ahora se dirigía hacia ella lentamente.
De repente, la alarma del Colegio empezó a sonar ensordecedoramente, al parecer la alarma seguía funcionando aun cuando se había ido la electricidad. Paula aprovechó el desconcierto del zombi para hincarle el destornillador en el cráneo como había visto en las películas, y el zombi cayó al suelo como un peso muerto, sacarlo de la cabeza le resultó bastante más difícil.
Cuando hubo sacado el destornillador y se dirigía de nuevo hacia la puerta vio como los zombis estaban subiendo por la escalera de incendios atraídos por el sonido de la alarma que no cesaba ni un momento. Intentó volver a la habitación pero con las prisas y los nervios, había cerrado dejándose la tarjeta dentro.
Sólo podía intentar cerrar la puerta de incendios.
Demasiado tarde.
          Ya había entrado un zombi por ella y le seguían otros tres.
          Salió corriendo hacia el principio del pasillo, quizá debería haber hecho como sus compañeros y quedarse dentro de la habitación sin tocar nada, pero no lo había hecho así y ahora tenía que buscar una forma de mantenerse a salvo de los zombis.
          En el camino hacia el principio del pasillo se encontró con Larreina saliendo de su habitación iluminado por la luz lunar que entraba por la puerta del final del pasillo. Sin pensárselo dos veces le asestó con el destornillador en la cuenca del ojo, el zombi se desplomó al instante y esta vez no le costó tanto recuperar el destornillador, el otro zombi no le prestaba a ella la más mínima atención.
          Se concentró en esos hechos por un momento, los zombis parecían estar confundidos ya que el ruido de la alarma parecía provenir de todos lados, así que tendría tiempo para llegar a la cocina, un sitio bastante seguro y con comida para unos cuantos días, allí podría aguantar hasta que alguien viniese a rescatarla, porque seguro que llegaría alguien, pensó Paula sin mucha esperanza, antes de salir del pasillo, recogió su móvil del suelo, todavía le quedaba algo de batería, la reservaría por si acaso.
          Bajaba por la escalera para el hall tranquilamente cuando escuchó un estruendo que se sobrepuso al volumen de la alarma. Se sobresaltó porque aunque no lo veía sabía lo que había sucedido.
          Los portones de la puerta principal habían caído.
Ahora una horda de incontables zombis entraban con violencia dentro del Colegio, se quedó paralizada en mitad de la escalera no podía moverse, los zombis ya la habían visto y se acercaban a por ella incansablemente.
La alarma se apagó definitivamente.
No tenía escapatoria, entre ella y el comedor había una gigantesca horda de zombis, y encima de ella, en la tercera planta, había otro punto de entrada de zombis, los estaba escuchando ahora mismo, parecían estar bajando las escaleras atraídos por el estruendo del caer de las puertas.
Los zombis del hall estaban a punto de cogerla cuando oyó en la lejanía algo que le devolvió la esperanza.
Un helicóptero.
          Subió los escalones hasta la primera planta de dos en dos y salió hacia la lavandería, vio al helicóptero sobrevolando la zona.
Cerró la puerta, sabía que no aguantaría mucho pero podría darle los segundos necesarios para sobrevivir.
Corrió hasta la parte de atrás de la lavandería, y subió al techo de la misma.
Encendió la luz del móvil…
Los zombis derribaron la puerta y se dirigían hacia ella…
Gritó al helicóptero mientras hacía gestos con las manos…
Los zombis estaban más cerca…
El helicóptero se había dado cuenta de su presencia y se estaba posando encima de ella…
Los zombis ya rodeaban la lavandería…
          Le tendieron una cuerda desde el helicóptero…
          Un zombi subió al tejado…
          Paula cogió la cuerda…
          El zombi estaba muy cerca…
          Con los ojos cerrados le clavó el destornillador al zombi, pero erró el tiro por un tirón de la cuerda, el zombi tenía el destornillador clavado en el cuello, pero le dio con la fuerza suficiente para hacerle trastabillar y caer del techo.
          Sólo entonces se dio cuenta de quién era aquel zombi…
         Otro tirón de la cuerda, la cogió con fuerza usando ambas manos y la empezaron a subir al helicóptero…
Una vez estuvo dentro del helicóptero uno de los militares le pregntó:
-¿Te han mordido?
-No –respondió Paula todavía en estado de shock.
Se miró las manos, estaban completamente llenas de sangre…
Se le nubló la vista…
Y se desmayó…


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